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jely ADMINISTRADOR@ ¡¡YO VIVO 2V!!


Registrado: 11 Ene 2008 Mensajes: 600 Ubicación: Estado de Mèxico
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Publicado: Dom Mar 02, 2008 8:40 pm Título del mensaje: ALIMENTACIÓN EN EL PRIMER AÑO DE VIDA |
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Título: ALIMENTACIÓN EN EL PRIMER AÑO DE VIDA
Fecha: 2005-07-22 (año-mes-día)
Objetivo: Dar a conocer los principales cuidados que se deben tener en la alimentación durante el primer año de vida.
Investigadora(s): Nora Saldaña
Sinopsis del programa:
El crecimiento y desarrollo alcanzado por los seres humanos durante la vida intrauterina, así como los 12 primeros meses de vida, determinan en gran medida, la composición corporal y la calidad de vida en el futuro de cada niño.
Durante esos períodos, el crecimiento es acelerado y el desarrollo neurológico y conductual complejo; para que se lleven a cabo con éxito, se requiere de un buen estado de salud y una nutrición adecuada. De hecho, se ha demostrado que el ser humano es vulnerable a la desnutrición en estas etapas. Si la alimentación es deficiente durante un tiempo prolongado, el niño ya no podrá alcanzar un crecimiento normal de su peso, talla y posiblemente del tamaño cerebral, aunque en edades posteriores se corrijan las deficiencias alimentarías. Es por ello, que ofrecer una buena alimentación durante los tres primeros años de la vida y especialmente durante los primeros 12 meses de edad, constituye una medida preventiva prioritaria y un factor indispensable para promover la salud del niño.
La alimentación adecuada, además de cumplir con su función nutricia específica, permite al lactante vivir la experiencia de la succión, la percepción de sabores, calor, contacto, satisfacción de hambre, etc. Estos estímulos también son elementos que contribuyen a que el recién nacido crezca y se desarrolle para convertirse en un niño capaz de expresar al máximo sus potencialidades.
Las ventajas de la alimentación al seno materno son más evidentes en los primeros 6 meses pero sus efectos se prolongan hasta los dos años de vida. La protección es mayor cuando se excluye definitivamente la alimentación en biberón y disminuye ese beneficio al complementar con fórmulas o leche de vaca.
La introducción de alimentos diferentes de la leche (ablactación) es un proceso clave en el desarrollo del niño, ya que es el primer paso para alcanzar la alimentación completa y variada que deberá recibir el individuo durante toda su vida.
Si se enfoca este término desde el punto de vista biológico, el motivo de reflexión es hasta cuándo los nutrimentos que componen la leche materna, serán suficientes para cubrir los requerimientos del lactante en cuestiones de energía, proteínas, vitaminas y minerales. La evolución del crecimiento del lactante, su estado de salud y la curva ponderal darán el criterio fundamental para contestar esa . Si estos parámetros transcurren en los límites de normalidad se puede deducir que la alimentación es adecuada y suficiente. Sin embargo, en algunos países subdesarrollados, incluyendo México, se observa con frecuencia un deterioro en la salud y en la ganancia de peso a partir de los tres meses de edad en lactantes alimentados exclusivamente al pecho materno. Es posible que a partir de esta edad, en madres desnutridas, la producción láctea ya no sea suficiente para cubrir las necesidades del niño.
Todo niño de término (37 a 40 semanas de gestación) y sano nace con la capacidad de descomponer los hidratos de carbono de la leche. En consecuencia, sus funciones de digestión, absorción y excreción se realizan sin dificultad. En cambio, las enzimas necesarias para la digestión de hidratos de carbono más complejos (almidones), aún no están presentes en el momento del nacimiento. Su actividad comienza a ser importante alrededor de los cuatro meses de vida extrauterina. De acuerdo con estas consideraciones, la introducción de cereales en la dieta no sería recomendable antes del cuarto mes de vida, como tampoco la de otros alimentos que contengan hidratos.
La leche materna cubre los requerimientos de vitamina A y C del lactante. La vitamina D requiere consideración. Esta vitamina es necesaria para la absorción de calcio a nivel intestinal y éste a su vez es indispensable para el crecimiento y la mineralización del esqueleto. En regiones muy frías, donde la luz es escasa y los lactantes están muy cubiertos por la ropa, puede producirse un déficit de vitamina D que se traduce en una absorción escasa de calcio y falta de la mineralización ósea, lo cual podría conducir a raquitismo. No obstante, en los últimos años, se han demostrado pocos casos de esta enfermedad, aún en países con climas fríos y, aunque se recomienda la suplementación con vitamina D en el lactante, cada vez hay menor convencimiento de su uso.
En resumen, desde el punto de vista biológico y nutricio, la edad necesaria y óptima para la introducción de otros alimentos, se ubica, aparentemente, alrededor de los seis meses de edad. En ese momento la madre ya no produce la cantidad necesaria de leche para cubrir los requerimientos de energía de su hijo y el aparato digestivo del niño ya ha adquirido la capacidad de digerir y absorber alimentos diferentes de la leche. Además, coincide con el período en que se agotan los depósitos de hierro.
Los cereales adicionados con hierro serían los más recomendables para iniciar al lactante en la ingestión de semisólidos. Este alimento reúne ciertas características que lo hacen conveniente: aporta energía y hierro que, según lo expuesto, son los nutrimentos que requiere el niño alimentado al pecho para mantener su curva de crecimiento. Su consistencia, una vez mezclado con leche es lo suficientemente suave para que sea deglutido sin dificultad.
Su sabor es generalmente aceptado. Si se inicia hacia los cinco o seis meses de edad, el aparato digestivo del lactante está maduro para digerirlos y absorberlos sin dificultad. Sólo es conveniente evitar la introducción de trigo antes de los seis meses por su característica potencialmente alergénica (gliadina). Si no se cuenta con cereal adicionado del nutrimento o si se considera que son excesivamente caros para la economía familiar, puede iniciarse con frutas como plátano, pera o manzana. O bien, a partir de los seis meses de edad podrían introducirse las verduras como zanahoria, papa, calabacita, chayote, espinacas, acelgas, brócoli, etc., y poco más adelante leguminosas como frijol, lenteja, garbanzo, habas, chícharo (molidas y coladas); este orden puede ser arbitrario a partir del sexto mes, y puede adaptarse a las condiciones de cada familia.
Cuando se introducen alimentos semisólidos a un lactante que aún no es capaz de mantenerse sentado, es recomendable que la madre se siente frente a una mesa donde haya colocado el plato con el alimento y la cuchara. La cuchara, ya cargada con el alimento, se acerca a la boca del niño a una altura que pueda seguirla con los ojos. Se introduce el alimento suavemente, sin forzar al niño para que abra la boca. Se espera a que trague perfectamente y se inicia una nueva cucharada o se interrumpe si el niño muestra resistencia a continuar alimentándose.
Esta nueva experiencia es vivida por el niño en estrecho contacto físico con su madre y en una forma compleja en que se integran estímulos afectivos, táctiles, sonoros, visuales y gustativos. Hacia los siete u ocho meses, el niño intenta tomar los alimentos con su mano, y también con la cuchara. Esta iniciativa representa el inicio de la autonomía en la alimentación y es conveniente respetar y estimular esos intentos. A esta edad, puede ofrecérsele los líquidos en vaso o taza y permitirle que los tome él mismo, aunque derrame gran parte del contenido. De este modo, alrededor del año de edad el niño es capaz de alimentarse adecuadamente por sí solo.
ALGUNAS RECOMENDACIONES EN EL ESQUEMA DE INTRODUCCIÓN DE ALIMENTOS:
- Siempre debe introducirse un solo alimento por vez y no una mezcla de ellos. Esto permite valorar su aceptación y tolerancia.
- Es recomendable que los alimentos sean preparados en el hogar cuando sea posible y evitar los productos industrializados para lactantes. Estos últimos son más costosos en relación a los preparados en casa y su sabor y consistencia son homogéneos, lo que no contribuye en el lactante al reconocimiento de sabores, colores y consistencias. No obstante, vale la mencionar que en circunstancias especiales (madre que trabaja fuera del hogar, viajes u otros) pueden emplearse productos comerciales sin perjuicio para el niño. Su empleo rutinario no es recomendable.
- No deben emplearse alimentos enlatados por su alto contenido de sodio y con frecuencia de plomo.
- No se recomiendan las frutas en almíbar o excesivamente dulces por sus efectos contraproducentes a los hábitos de alimentación.
- En los alimentos preparados en el hogar es mejor sólo utilizar la sal indispensable para mejorar su sabor.
- En lactantes bien nutridos no ofrecer mezclas de alimentos en la leche del biberón.
- Cuando existan antecedentes de atopia familiar, hay que aplazar la introducción de cítricos y el huevo hasta el año de edad.
- La cantidad de cada alimento ofrecido al niño se incrementa lentamente: desde una cucharada hasta cuatro a ocho cucharadas cafeteras por ración.
- La leche es el alimento principal durante los primeros 12 meses de la vida, mientras que la alimentación complementaria a integrarlo en forma progresiva a la dieta familiar. Por la mañana puede ofrecerse cereal, fruta, jugos, yema de huevo, etc.; a mediodía: carne, verduras, leguminosas y cereales; en la merienda puede repetirse fruta, cereal, yogurt, gelatina, etc. En lactantes menores de ocho meses o con peso bajo debe insistirse en que la leche sea proporcionada antes que el resto de los alimentos.
SUGERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
- Bidet, Marie, Roseline Jadfard, Comidas sanas y nutritivas para el bebé Traducción Dolores Gallart, Editorial Oniro, España, 1995, 223 p.
- Einsenberg, Arlene, et. Al, El primer año del bebé, Traducción de Jorge Cérdenas, Norma, Colombia, 1991, 753 p.
- Feldman, William, El ABC de la salud de tu hijo: Todo lo que los padres necesitan saber acerca de la salud de sus hijos, Editorial Oniro, España, 2000, 263 p.
- Swinney, Bridget, Comidas sanas, niños sanos: Guía de alimentación saludable para que sus hijos gocen de buena salud, Editorial Oniro, España, 1999, 204 p
FUENTE:
http://oncetv-ipn.net/dialogos/buscador_b.php _________________
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